Vivienda unifamiliar. El Encinar
El resultado es una vivienda del siglo XXI en un proyecto muy representativo de la arquitectura de los años cincuenta.
Los nuevos propietarios de esta vivienda deseaban un cambio radical tanto en la arquitectura interior como en los acabados y la decoración. Esta joven pareja de recién casados querían que la casa se adaptase a sus planes de futuro. Nuevos espacios comunes, habitaciones amplias y luminosas para los hijos que vendrán en un futuro no muy lejano.
Situada en uno de los pasajes residenciales más originales de Madrid, la urbanización El Encinar de los Reyes, la vivienda pertenece a las conocidas como “casas de los americanos” que se construyeron entre 1955 y 1958 para albergar a los empleados de la base americana de Torrejón. Con una superficie construida de 200 metros y un amplio jardín, es una casa luminosa y alegre.
Si la distribución original compartimentaba la planta alta en varios espacios, se optó por derribar tabiques para crear un gran salón abierto hacia la cocina-comedor. Se renovaron todas las instalaciones de la vivienda y se optó por el suelo radiante frío/calor para evitar el exceso de radiadores o salidas de aire acondicionado.
Todos los pavimentos y paramentos fueron renovados y la escalera se rehízo entera, aportando luz y claridad al espacio, eliminando barreras visuales. El resultado es una vivienda en dos plantas con una curiosa distribución: en la planta baja de acceso hay un dormitorio, un baño y un aseo de cortesía. La escalera conduce a la planta principal en la que se ha conseguido un amplísimo salón con acceso a una terraza (que también se reformó íntegramente), una cocina con office, tres dormitorios más y dos baños. La chimenea aporta calidez a la estancia sin ser la protagonista de la misma. En el dormitorio principal se instaló un práctico vestidor que comunica con un baño privado.
Los materiales elegidos para esta reforma integral proporcionan claridad, luz, sensación de amplitud y reducen la decoración a los elementos esenciales. En el exterior se optó por aprovechar la estructura original de la cochera y se cerraron los laterales con idéntico material al de las contraventanas de la vivienda para dar uniformidad al conjunto.
La reforma del jardín también fue integral. Como la casa tiene una planta en forma de L, se construyó una piscina en el ángulo interior del edificio, pavimentándose toda el área y reduciendo superficie de césped. Alrededor de la fachada se construyó una acera del mismo material y se replanteó el paisajismo de los parterres.